ESPIRITUALIDAD MARIANISTA

El P. Chaminade, guiado por el Espíritu en el exilio de Zaragoza, intuyó nuevas estrategias misioneras, que los signos de los tiempos requerían urgentemente. A su vuelta a Burdeos, la urgencia misionera llevó al P. Chaminade a formar una diversidad de comunidades apostólicas de inspiración mariana: primero, comunidades de seglares; después, dos congregaciones religiosas - las Hijas de María Inmaculada y la Compañía de María- y, finalmente, escuelas y centros educativos para la formación de profesores. Este trabajo, que duró varios años, estuvo guiado por una espiritualidad típicamente marianista y contribuyó, a su vez, a dar forma y a profundizar en esta espiritualidad. Todas las obras educativas marianistas posteriores se inspiraron en ella y en sus tres dimensiones características: un espíritu mariano de fe, la formación de comunidades y el sentido profundo de misión.

La primera de estas dimensiones de la espiritualidad marianista es el espíritu de fe tal como es encarnado en María, la Madre de Jesús. El P. Chaminade no hablaba simplemente de un asentimiento intelectual, sino de la fe del corazón, una fe que es parte de nuestra vida, se interioriza, se expresa y se refleja en la conducta.

La segunda dimensión es la formación de comunidades de fe. Nuestro Fundador sabía que cualquier transformación del orden social requería la acción no solamente de individuos, sino de comunidades de personas que trabajaran juntas con una misión común. Citaba con frecuencia el ejemplo de los primeros cristianos, que tenían todo en común, trabajaban unidos y partían juntos el pan. Para el P. Chaminade, las comunidades de fe eran la encarnación natural de un cristianismo vivo. Y en el centro de estas comunidades está siempre presente la primera creyente, María, la mujer de fe.

Estas comunidades vivían la fe con un profundo sentido de misión. María, que formó a Jesús para su misión, que meditaba muchas cosas en su corazón y que a pesar del futuro incierto pronunció su fíat, nos formará también a nosotros. El P. Chaminade creía que María, bajo la inspiración del Espíritu, nos hace ser como Jesús en su misión salvadora. La persona y la influencia de María constituyen el hilo conductor de todo el entramado de la espiritualidad marianista.