HISTORIA

“Vivimos en comunidades animadas por la fe, que intentan tener un solo corazón y una sola alma, a ejemplo de la primera comunidad de Jerusalén”. G. José Chaminade

Muchas veces la obra de Dios se hace presente en el momento de mayor oscuridad, mostrando su luz a todos. Ese es el caso de la Compañía de María, congregación nacida entre los horrores de la Revolución Francesa, y un racionalismo filosófico que distorsionaba la religión y amenazaba con desaparecer la Iglesia en Francia.

Corría el año de 1789, la “justicia” del nuevo régimen se basaba en el uso del terror y consideraba a la Iglesia un enemigo del pueblo, persiguiendo a todo religioso o sacerdote para que escogiera una de dos opciones: renegar de la autoridad del Papa (jurar la Constitución Civil del Clero) o caminar a la guillotina.

Para Chaminade son años penosos en los que vive en la clandestinidad escapando varias veces de una muerte segura. Tras el ajusticiamiento de Robespierre en 1794, una calma relativa permite a los sacerdotes salir un poco a la luz. Muchos de los que habían renegado se arrepienten y piden volver a estar bajo la autoridad de un obispo legítimo, pero esto no duraría.

En 1795 se desata nuevamente la persecución reactivándose las leyes dictadas en 1792 y 1793 contra los sacerdotes y religiosos. Chaminade, entonces de 36 años, tiene que partir de Francia y marchar a Zaragoza (España). Ahí donde, a los pies de la imagen de la Virgen del Pilar, comprendió el camino que tendría que recorrer si quería contribuir a la evangelización de su patria, un camino nuevo, donde los religiosos no son el motor... esta vez serán los laicos.

En 1800, una vez reestablecida oficialmente la paz religiosa, regresa a Burdeos y recibe del Papa el título solicitado de “Misionero Apostólico”, para así poder promover la formación de comunidades cristianas que sean testimonio del evangelio más allá de los límites parroquiales, bastante desgastados y desprestigiados en ese momento.

Luego de años de arduo trabajo y de la fundación de otras instituciones, “La Congregación” en 1801, asociación de laicos para vivir según el espíritu cristiano al servicio de María, y con Adela de Trenquelleón la “Congregación de las Hijas de María Inmaculada” en 1816, agrupación de religiosas dedicadas a la educación de niños y jóvenes, Chaminade funda el 02 de octubre de 1817 la “Compañía de María”. Son siete sus primeros miembros (tres profesores, dos obreros y dos sacerdotes), todos en completa igualdad, quienes no vestirán hábito religioso ni título de “fray” como se usaba en esa época. Era algo tan atrevido que la Santa Sede es renuente a dar su aprobación final. Sin embargo, su estructura dinámica y su organización que no busca otra cosa que multiplicar cristianos, es la base de su fortaleza y el secreto de su constante crecimiento en una sociedad alejada de Dios y abrazada al indiferentismo religioso.

Al 2005, han pasado 188 años y la Compañía de María se encuentra presente en 33 países de los cinco continentes. Su organización contempla diez provincias y once regiones, una de las cuales es la de Perú. Así, trabajando en parroquias, escuelas, universidades, misiones y obras diversas, los marianistas están siempre dispuestos a aceptar los retos que nuevos tiempos van presentando, siguiendo las palabras del Padre fundador: “ Sois todos misioneros. Cumplid vuestra misión”